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jueves, 29 de septiembre de 2011
Guia Cultural - Karamairi - Cartagena de Indias: 62 AÑOS DEL CINECLUBISMO EN COLOMBIA
Guia Cultural - Karamairi - Cartagena de Indias: 62 AÑOS DEL CINECLUBISMO EN COLOMBIA: BOLETÍN DE PRENSA Red Local de Cineclubes de Cartagena “García Usta” Celebración: 62 años del Cineclubismo en Colombia Con ocasión de los ...
lunes, 29 de agosto de 2011
Un acto de fe
Durante la segunda década del siglo XIX se inventó un artefacto que sin duda alguna revolucionó el concepto de movilidad en la humanidad. Dos siglos después, la bicicleta continúa siendo una de las maneras más fáciles y eficaces de movilizarse en las ciudades, además de su innegable atributo ecológico y el potencial bienestar que ofrece a quien la usa.
10 kilómetros se recorren en bicicleta en 40 minutos, la distancia que hay de la bomba de Amparo a la India Catalina. (Lo sé porque monto bicicleta).
En países como China (donde se encuentra el mayor número de bicicletas en el mundo), India y la mayoría de países europeos, se ha convertido en el principal medio de transporte, articulándola con sus sistemas de transporte masivo. Incluso, en algunos de estos países, se ha legislado sobre su uso por la necesidad de reducir las emisiones de Co2 y estimular a la gente a mantener una vida saludable y activa.
En Colombia, ya se intenta concebir la bicicleta como un medio integral de transporte, mediante un acuerdo firmado por el consejo de Bogotá que empieza a dar luces sobre el uso articulado de este vehículo con el sistema integral de transporte de esa ciudad. No obstante La profesora Beatriz Martínez, miembro del programa académico de Movilidad y Transporte del Instituto de Estudios Ambientales (Idea), de la Universidad Nacional (UN) en Bogotá, sostiene que "Esto debe ir mucho más allá de disponer de miles de bicicletas, debe haber toda una pedagogía al respecto y, sobre todo, una política alrededor del uso de la bicicleta".
Muy bien por la capital del país que ha sido promotora de una cultura de la ciclorrutas, modelo para varios países de América Latina y el mundo.
En ese sentido Cartagena es un dinosaurio, pues en la intervención realizada a la escuálida avenida principal de la ciudad (avenida Pedro de Heredia) para adecuarla al nuevo Sistema de Transporte Masivo Transcaribe, no se pensó en los ciclistas, que no son pocos en la ciudad. Ahora que los buses empiecen a andar (si es que lo alcanzo a ver) los ciclistas de Cartagena, que en su mayoría son de clase media y trabajadora, tendrán que vérselas con los monstruos articulados para poder circular.
Es bien sabido que las condiciones de las vías en Cartagena son pésimas, que ni siquiera los carros aguantan el trote, que el calor es infernal a medio día, que la humedad agobia hasta los deportistas de alto rendimiento; sin embargo, muchos cartageneros asisten al trabajo, a la universidad, a la playa, biblioteca o al parque (¿cuáles?) en una bicicleta, y créanme que no en todos los casos lo hacen por mero gusto. La economía de muchas familias en esta maltrecha ciudad se mantiene a punta de agua panela y arroz al puente, y eso lo sabemos todos.
Sin duda, mi intención no es exigir ciclorrutas, ¿para qué? Para darles más excusas para el retraso. No. Pero sí intentar promover una cultura ciclística, de movilidad sana y eficiente.
Por ejemplo. Hace tres días se perdió una bicicleta en la Universidad de Cartagena, en la sede del centro, y cuando entraba con la mía, el vigilante sin inmutarse me dijo “no respondemos por bicicletas, deberían prohibir que vinieran en eso”. Seguramente no sabe que en París existen un sistema de alquiler de bicicletas, llamado “Velib” a los cuales se puede llegar, tomar una y viajar hasta la estación más cercana al lugar de destino y continuar con la vida, por 1.70 euros por día. Pero eso tampoco pido para Cartagena.
Por ahora podemos estimular un uso mas generalizado de la bicicleta en Cartagena, que por antonomasia promueva la necesidad que generar espacios propicios para la circulación de estos vehículos y lugares seguros para parquear. Montar bicicleta brinda una nueva visión de ciudad, la velocidad reducida al viajar, la sensación de tranquilidad y el redescubrimiento de la ciudad al transitarla por lugares o senderos que no cubre el transporte tradicional, son las mayores fortalezas para Cartagena en si. Una transformación de la concepción de ciudad desde la ciudadanía aportará nuevos elementos para el desarrollo sostenible y armónico de nuestra ciudad con el entorno (ya vulnerable) que nos rodea.
El fundador de la empresa Fisher Bicycles Riding, Gary Fisher, nos dice que “para que el ciclismo urbano triunfe hace falta una revolución en la infraestructura de nuestra sociedad. Ahora mismo un ciclista urbano debe actuar como un guerrero vial, y la bicicleta tiene que ser barata y fea para que no la roben. Eso no es una cultura favorable a las bicicletas”. Revolución que tardará años en darse en Cartagena, por las condiciones históricas propias de la ciudad, que la obligaron a crecer sin ningún criterio de planeación y que siempre ha privilegiado el beneficio de unos pocos por encima del interés colectivo.
Como es el caso que denuncian comerciantes y residentes colindantes del actual puente de Bazurto, quienes se muestran preocupados por la solicitud hecha por parte de la Asociación de Víveres y Abarrotes (Acoviva) a Transcaribe para revisar la demolición del puente, por los posibles traumatismos que causará en la (in) movilidad de la ciudad. Estos comerciantes y residentes denuncian que no fueron convocados a la mesa de concertación que trataría este tema y que ésta petición esconde intereses de algunos comerciantes que se verían afectados en su ubicación con el reemplazo del puente por una glorieta.
En cualquier caso, el trabajador, el estudiante, el repartidor de periódicos y el ciclista cartagenero en general continuarán desafiando a diario al caótico tráfico de la ciudad para llegar a su destino, pero también lo harán porque creen que es saludable, que es honesto con el planeta, y que es económico. Por eso digo ¿Damos un paseo?
jueves, 4 de agosto de 2011
Poder
Es en el amor
Donde se anidan los sueños
Posteriores y pretéritos,
Añejados en corazones
Cansados y valientes.
La incubadora ideal
De quimeras como las de Bolívar,
Que miserable y triste
Alojó las virtudes de su causa en el amor.
También da origen a holocaustos y desesperanzas,
La cuna perfecta
Para la esquizofrenia impúdica
De innumerables criaturas,
Que por inconmovible amor a la causa
Desperdigan carne y plomo
A discreción.
Sin embargo, es el amor
Nicho de la vida,
El primigenio y sensato
Orgasmo del ser.
Umbral y fin de una felicidad etérea
Que desata una carrera que si bien es mortal
Revela a un ganador irreprochable
Y a miles de vencedores incuestionables.
Es este el génesis
El desvarío concupiscente
De una raza que no comprende
Que el amor es nido de todo poder
La Felicidad De La Muerte
Él ni siquiera recordaba su rostro. Fue en algún lugar de esta lúgubre ciudad, en el más fortuito de los escenarios donde la vio por primera vez. Ella, una ávida estudiante de astronomía. El, solo un tipo dispuesto a cumplir con su trabajo sin esforzarse demasiado.
A Paulo le pagaban tres cuartos de salario por recorrer bibliotecas, colectando información para implementar un nuevo sistema de comunicación. La jornada siempre era muy parecida. Lograr empatía con los estudiantes y lectores ocasionales. En si, desarrollar una guía ya establecida que limitaba las posibilidades de interacción (cosa que no le interesaba).
Eran las dos de la tarde de un viernes caluroso, resplandeciente y de paga. Paulo no vio una sola hoja moverse en su recorrido hacia la biblioteca Jorge Arias de Greiff. Pálidamente adornada con tres gárgolas con el rostro de Darth Vader, que descansaban en la parte superior del enorme arco que brindaba acceso al edificio; Vigilantes observaban en picado, como dispuestas a darte la bienvenida al lado oscuro de la fuerza.
Malena había sido designada para recibir a ese sujeto (Paulo ya había hecho contactos con las directivas de la biblioteca) que venia de quien sabe donde, a preguntar quien sabe que.
-hola, ¿eres Malena?
-¿Paulo?
Los dos hablaron al mismo tiempo. Ella dibujó una sonrisa cortes en sus labios prodigiosamente definidos y continuaron.
Del otro lado del mundo germinaba la danza más sublime del universo. Iniciaba el último eclipse total de sol del milenio. Por supuesto, ninguno de los dos lo sabía.
Paulo es un sujeto medianamente agraciado, agudo en sus reflexiones y limitado en sus expresiones. Y aunque es altamente sensible, quien no lo conoce, creerá fervientemente que es un hombre taciturno y huraño.
Todos los días camina siete cuadras para llegar a la oficina donde guarda sus papeles, guías de entrevista y magnetófono. Aun sabiendo que podría hacerlo en su casa.
La panorámica es limitada durante ese recorrido. Casas de rejas altas, escaso mobiliario urbano, incluso un sendero peatonal estrecho que resulta ser una pista de obstáculos. Sin embargo disfrutaba esa rutina. El recorrido es ambientado por el suave olor que enana una planta (azahar de la china) que florece en una casa blanca de esquina, con grandes ventanales y enorme balcón. Allí casi siempre encuentra a Berto, un perro de la calle que duerme en el antejardín, y que le hace compañía durante las dos cuadras siguientes.
La reunión dura 40 minutos. Las preguntas van y vienen como dardos tranquilizantes en la estepa africana. Al finalizar, un simple -Hasta luego Malena, gracias- dejó las cosas saldadas. Del otro lado del mundo, el eclipse total de sol finalizaba el segundo contacto.
La vida continua incesante en la ciudad donde la opulencia y la desesperanza se ven desde la ventanilla de un bus. Donde los poetas mueren arrollados.
Las lluvias interminables tapizan el pavimento y barren las calles. La vida social se configura en las nuevas avenidas y vericuetos de la informática. Las redes sociales ahora son el parque sin fuente ni pájaros, donde la gente se encuentra y reencuentra.
Pasados dos meses. Un domingo, sentados casualmente los dos en uno de esos parques, apareció la solicitud centelleante en la pantalla.
Paulo reflexionó un instante la situación y dejado llevar por la inercia propia del escenario, aceptó.
-hola.
-¿como estas Malena?
La conversación continúo sin mayores pretensiones, se limitaron a conversar de música y del clima. Malena se preguntó distraída mientras en su pantalla parpadeaba una pequeña ventana -¿era Telémaco el hijo de Ulises? En ese instante, una ligera ráfaga de viento entró por la ventana y acaricio imperceptible un mechón de su pelo
-¿nos tomamos un café? Preguntó Paulo sin ninguna idea de la inevitable respuesta. Pasaron varios segundos sin contestación. El parque virtual pareció desierto. Una avalancha de interrogantes asaltaron a Paulo, -¿fue demasiado pronto? ¿No le gusta el café? ¿Será que…
-si, me encantaría.
Los interrogantes se disiparon de inmediato pero inconscientemente se mantuvo inexpresivo y pareció inadvertido. En cuestión de minutos concretaron que sería el mismo día, y sólo un par de horas después.
Malena es una joven bella, de buenas maneras y emana un aura irresistible. Llegada al caribe por casualidad; ostenta ser una gran líder en el ámbito académico y domina como nadie el arte de la conversación. Posee una amplia colección musical y tiene un gato.
Ella se toma el encuentro con calma, considera indispensable el esparcimiento y la interacción como válvulas de escape a sus largas jornadas de estudio.
Paulo ya esta vestido, conoce sus limitaciones con la puntualidad y no pretende hacerla esperar, el lugar acordado para el encuentro está a 20 minutos de su casa y se apresura a salir.
Las sombras de la noche pronto se apoderan de la ciudad. La luna nueva inicia su incursión en el escenario de una urbe que celebra sus festividades anuales. Las calles atestadas de gentes, liberan los olores y sabores del desmán y la lujuria. La pólvora explota sobre sus cabezas mientras la cerveza derramada es pisoteada por los prematuros borrachos. Por una semana, la desesperanza da paso al jolgorio y la algarabía del Caribe, que en una catarsis inédita libera las pasiones y deseos. Como dejar caer una alcancía al suelo.
Sentado, Paulo intenta recordar el rostro de Malena. Observa tranquilamente a las mujeres que caminan en la alameda; mientras recuerda a su madre cuando le decía “Aprovecha el tiempo” y su relámpago mental desata una tormenta de reflexiones no del todo contundentes y mucho menos salvadoras. <<Aprovechar el tiempo no garantiza la satisfacción a la hora de ver que todo por fin acaba. Tampoco asegura que los planes propuestos, se vayan a alcanzar. La inevitable muerte siempre ronda cercana, como una mariposa o una moneda de 100 pesos en el bolsillo del pantalón. No obstante, vivir los días y las experiencias intensamente, dejar las dudas a un lado. Incluso dormir menos y caminar más posibilitan la tranquilidad de un pasado vivido, un presente feliz. Y un futuro… >> su ensimismada reflexión interrumpida fue por un coctel molotov lanzado por un ave negra; ésta lo observa desafiante desde la tranquilidad de un cable eléctrico. Se preguntó sin limpiarse ¿Qué rayos hago yo aquí? Y pensó entonces en justificarse por todos los compromisos adquiridos. <<resultaría ser una opción tranquilizante y sensata. Deja de precepto que no fue mi intención, que yo no lo pedí. Que solo fue una estratagema de mi entorno, la sociedad y los prejuicios los que hicieron de mí este hombre que lucha en un mundo de batallas perdidas, de mentes unidimensionales y planes de acción predeterminados por la poderosa esquematización colectiva de una sociedad alienada>>
En ese momento, con andar apacible, Malena despliega su gracia por la avenida Alcorta. Un par de gatos la miran, y su figura se dibuja en esos ojos profundos y luminosos que la siguen, hasta perderse en el humo azul de la avenida que parece estar congelada en el tiempo, como una fotografía tomada a muy baja velocidad.
Paulo, convencido de su próximo movimiento, decide marcharse a su casa, aun sin tener demasiados argumentos para justificarlo. En el momento que se pone de pie, aparece Malena por la puerta. Ella se sonroja sutilmente al creer que Paulo derrocha galantería por su llegada y se acerca a él diciendo
-Hola, haz esperado mucho-
Paulo, aun desorbitado por la repentina llegada de Malena, contesta testarudamente
-Te he esperado toda la vida-
Inmediatamente pensó en la veracidad inconsciente de esas palabras. Las mismas que retumbarían poderosamente en su mente durante los próximos días.
Ella realiza un movimiento de reverencia que Paulo no nota. Da un par de pasos decididos en dirección a él y le susurra algo al oído.
Aun sin reponerse, él logra percibir el delicado olor a Jazmín que emana del cabello de Malena, ese olor lo invade a tal punto, que experimenta una felicidad solo comparable con la muerte. La profunda alegría y sosiego que supone dejar un mundo de maniáticos y desdichados.
Paulo casi puede sentir su respiración cuando Malena le dice: despierta
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